76 | Jesús Rubio Gamo: Ahora que no somos demasiado viejos todavía | El hermoso misterio que nos une

DOS TEXTOS DE JESÚS RUBIO GAMO

AHORA QUE NO SOMOS DEMASIADO VIEJOS TODAVÍA
Llevo ya varios años dándole vueltas: todavía no soy demasiado viejo para empezarlo todo de nuevo. Todavía estoy a tiempo de cambiar de opinión, de mudarme de ciudad o de irme a un pueblo abandonado, de cortar con mi pareja, de inseminarme, de dejar de imaginar, de construir sobre lo que hay, de cambiarme de sexo, de meterme en política, de hacerme ecologista, de continuar creyendo que seré capaz de todo, de seguir drogado cada noche, de quemar la vida rápido o de pensar en un buen plan B para soportar el miedo que me causa imaginarme viejo, rodeado de todos mis amigos viejos, todos solos sin ningún sitio adonde ir, recordando aquellos días en los que solíamos ocupar el centro de la juventud, con nuestros androides plateados hechos añicos, nosotros, que inventamos el poliamor.
( … )
Las primaveras en Madrid siempre son muy cortas. Estaba esperando el otro día, mientras volvías a casa, a que terminara la lavadora que no paraba de centrifugar. Ya sé que acaba cuando parpadea la luz roja, pero todas las veces me parece imposible. Estoy ahí, al lado, escuchando el rugido, la ropa dando vueltas, la mirada fija en el tambor y yo a punto de todo: de ir fregando los platos mientras, de llamar a un técnico de mantenimiento, de poner agua a hervir, de hacer la cama, de marcar el número de mi madre, de dormir, de poner una canción, de sentarme en el sofá y encender la tele, de escribir un poema, de tomar ibuprofeno, de masturbarme, de barrer o llamar a una amiga, de mirar las notificaciones de mi móvil, de guardar la ropa en los armarios, de hacerme un zumo, de meditar, de pensar, de buscar trabajo.

EL HERMOSO MISTERIO QUE NOS UNE
Te dedicas a la danza. Bailas, convocas otros cuerpos, organizas formas y energía en el espacio, son coreografías. Corres, persigues, te caes, sigues corriendo, sabes que vas en pos de algo aunque ya no recuerdas lo que es. Un día se para todo de repente. Miras atrás: hasta aquí ha sido todo movimiento pero, en lo importante, llevas mucho tiempo parado.
Has repetido las mismas secuencias infinidad de veces, hubo algunos días en los que sentiste placer, intensidad, comunión, gozo. El resto, un gran cansancio. Has viajado por todo el mundo, has estudiado en varios sitios diferentes y has intentado quedarte con lo mejor de cada uno. Has practicado artes marciales para aprender a equilibrar el flujo y el control. Has movido las caderas y el esternón acompañado de tambores africanos por ver si podías acercarte a algo de lo que de trance debe de quedar en algún baile. Has practicado las contracciones del abdomen con las que Martha Graham le dio identidad a su nueva danza americana y has dejado caer el torso para sentir el peso siguiendo la manera en la que José Limón intentó abandonarse unos instantes a la gravedad. Te has esforzado en comértelo todo. Una noche, te arrodillas en el baño y vomitas un resto de Cunningham.
Y entonces llega ese día de la parada, apartas los muebles del salón, respiras, mueves el peso de un pie a otro, suavemente, y empiezas a buscar entre lo que ha quedado. Toda esa movilidad debe servirte para algo hoy.
( … )
Entre lo que hay en el cuerpo y lo que construimos con lo que ya hay en el cuerpo. Entre lo que es humanamente posible para otros y para ti no. Entre el objetivo de lo que practicaste y el punto donde paraste o te quedaste en la práctica. Entre los códigos surgidos de otros lugares, en otros momentos, con otros amigos, con otros problemas, con otros deseos, con algunas cosas que cambiar que ya se cambiaron y otras que todavía ni se imaginaba que se podrían cambiar.
Entre la posibilidad anatómica de un omóplato y la sensación de todos los que van moviendo los omóplatos. Entre el deseo matemático y estructural y la necesidad expresiva y emocional, entre las ganas de volar y el alivio de dejarse caer un momento a favor de la gravedad, entre la monotonía y el evento, la acción y el reposo, el ciclo y el fragmento. Entre el recuerdo y la imaginación. Entre el pequeño momento de tranquilidad o gozo y todo el cansancio. Entre los labios apretados y un breve espacio en la boca. Entre la improvisación y las ganas de fijar, de fijar ¿qué parte?, lo de fuera, lo de dentro, la sensación, el preciso lugar en el espacio o la precisa distancia que me separe de ti.

Ahora que no somos demasiado viejos todavía se estrenó el 8 de octubre de 2016 en el Teatro del Conde Duque de Madrid. Fue proyecto en residencia en DT Espacio Escénico con el apoyo de Surge Madrid y coproducción de Conde Duque.

El hermoso misterio que nos une se estrenó el 3 de noviembre de 2021 en el Teatro Vascello de Roma, como coproducción de Festival de Otoño de Madrid, Festival Romaeuropa y Mercat de les Flors de Barcelona y con apoyo de Mediterranean Dance Centre, Instituto Británico Arequipa y Los Barros Centro de Creación.

© Textos: Jesús Rubio Gamo
© Fotos: Lucía Marote y Jesus Vallinas
© de esta edición: AFLERA

PVP 5 euros
ISBN: 978-84-96523-94-4
Correspondencia y pedidos: AF Lera

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